Me gusta llamarle "amor puro".
Es ese que te mueve a preparar el mundo para ese corazón que late dentro de otro corazón. Es más... es aquel que te impulsa a crear el nuevo latido. El que te empuja a querer convertirte en la mejor versión de ti, en la influencia más positiva, en el amor más puro y sencillo, en alguien que a su lado sume, pero nunca reste.
Ese mismo amor es el que te fuerza a liberarte de emitir juicios, a quitarte el bombín de "especialista en..." para no ser más que otra rama de su árbol que le abraza con calor y que con su tacto le transmite "aquí estás a salvo", "no te voy a abandonar", "estoy a tu lado".
El contador ya se ha puesto en marcha y aún me cuesta asimilar algo tan milagroso. Algo tan abrumador. Aún no sé su sexo, su nombre. No conozco su voz ni su cara. Ni siquiera he masticado la noticia. Y aunque no sea yo quien desde dentro lo cobija y lo alimenta, gran parte de ese ser ya se halla en mi corazón.
Voy a preparar el mundo para tí. Y descuida, que ya te estoy queriendo.
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