Tengo un trozo de oro blanco y circonita rodeándome el dedo anular y cada vez que lo miro lo veo a él. Veo un jardín lleno de velas rojas. Escucho a Alice in Chains sonando de fondo. Veo su carita, dulce y nerviosa. Lo veo a todo él entallado en su traje negro, soltando estrellas por su boca.
¡Claro que quiero!
Quizás pensastéis un: "eres muy jóven todavía", pero si dedico sólo un segundo a contemplar ese factor, de lo primero que me doy cuenta es de cómo la vida nunca ha tenido en cuenta mi edad. Cómo la vida ha tenido su propia historia preparada para mí. Hace casi 6 años, cuando la gente se enteraba de que era una chica con 17 años y un linfoma exclamaban "¡tan joven!"... Ahí fue cuando aprendí que la edad, al final del día, es solo un número, y las cosas importantes llegan cuando tienen que llegar. Así que "tarde"o "temprano" solo son juicios.
Sé que no necesito tener 30 años para saber con quién quiero pasar mi vida, porque eso ya lo sé desde que le miré por primera vez a los ojos. Y lo corroboré el día que rozó por primera vez mi mano y casi se me sale el alma del cuerpo. No necesito "ser mayor" para quererle cada día y para hacer algo que no es más que un acto simbólico de unión, de amor y de compromiso. Es nuestra promesa de amor. Es nuestro: "Yo te cuido y tú me cuidas" oficial.
Lo que más me gusta de él es... bueno... qué difícil. ¿Sólo puedo elegir una cosa? Supongo que es su capacidad y voluntad por aprender. Lo que más me gusta de nosotros... cómo juntos no tenemos un techo donde tocar. Cómo somos una relación viva, que evoluciona y crece en la misma dirección. Como andamos ese proceso con respeto y amor mutuo.
Hace tiempo me puse en manos de Dios. Le dije el famoso "hágase tu voluntad","que sea lo que Dios quiera"... y desde entonces se me acabaron las preocupaciones y la vida no ha parado de sorprenderme gratamente ni un solo día. No ha dejado de enseñarme el camino, ni yo de obrar en mi felicidad. Desde entonces cada día cuando me acuesto, -sin que se escape ni una sola noche-, doy gracias porque mi familia, mi compañero de vida y yo, tengamos salud, amor y felicidad, porque sigamos creciendo, por ser valientes de perseguir nuestros sueños y por tener los ojos y los brazos abiertos a las señales. Y doy gracias por tener la mayor fortuna del mundo, que es terminar el día que acaba y recibir el día que comienza abrazada a alguien a quien quiero desde lo más profundo de mi corazón y me quiere a mí de la misma manera.
No podía haber empezado el año de mejor forma. El 2014 me convierte en prometida, en títa, en licenciada, en experta, en trabajadora... Y quién sabe en cuántas cosas más... Yo recibire todas ellas con los brazos abiertos, la mirada limpia y el corazón lleno de amor... ¡Y qué viva el amor!
No hay comentarios:
Publicar un comentario